Seremos aire.
Seremos fuego.
Seremos agua.
Vivimos de paso.
Nuestro destino ya está pactado, desde el momento de ser engendrados.
Estuvimos alojados en líquido y se nos arrebató el sentido transitorio, despojando nuestro medio acuoso por aire necesario para respirar.
Nunca volveremos al punto de partida.
Salimos de un encuentro casual que nos dio esta oportunidad.