Me escucho.
Sí.
Lo hago en el silencio. Cuando leo y cuando pienso; cuando pierdo el hilo de lo que leo o siento.
Mi mente funciona así.
No son voces. Soy yo, que ordeno mi pensamiento.
Cuando escribo voy detrás de esa voz interior.
Lo creativo del texto, vino antes a mi interior.
A veces, una trama toma forma y continuación.
Otras muchas se van como humo liviano, sin darme tiempo a escucharlo.
Paseo por el lenguaje con satisfacción.
Cuando este se presenta en la otra lengua adquirida, no hay traducción; porque en ella hay otro ritmo, otro latir de mi emoción.